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La última mañana de Pinochet

“Luci”.Esa fue la última palabra que pronunció Augusto Pinochet Ugarte previo a su deceso a las 14:15 horas del domingo 10 de diciembre de 2006. La mención no era casual: ese mismo día su esposa Lucía Hiriart cumplía 84 años.

Una “inesperada y grave descompensación” cardiaca provocó un radical cambio de planes en la familia Pinochet, que ese día esperaba celebrar a Hiriart. Incluso se evaluaba la posibilidad que el general en retiro –quien encabezó el régimen militar en Chile entre 1973 y 1990- recibiera su alta médica, luego de estar internado durante una semana.

El infarto que había sufrido Pinochet el 3 de diciembre de 2006 había encendido las alarmas en su familia, el gobierno y el Ejército, quienes habían comenzado a repasar el protocolo frente a un eventual deceso. Sin embargo, pocos apostaban a que éste ocurriera ese domingo 10.

Y es que Pinochet había despertado de buen ánimo a eso de las 8 de la mañana. Tras tomar desayuno había solicitado que encendieran la televisión para ver la misa dominical y que compraran un ramo de flores para su esposa Lucía. Una de las primeras visitas que recibió fue la del entonces diputado UDI (hoy senador) Iván Moreira, con quien incluso comentó la prensa dominical.

Revisa la entrevista a Moreira en la cronología.

El buen estado del general (R) es tal que el centro hospitalario distribuye a las 10 de la mañana un parte médico en que se informaba que su recuperación seguía siendo favorable” y que permanecía en la unidad de cuidados intermedios. Pasada la 1 de la tarde Lucía Hiriart llega hasta el recinto hospitalario. Es tal el ánimo que la ex primera dama se acerca a saludar a los simpatizantes de Pinochet, quienes le desean un feliz cumpleaños desde las rejas de Avenida Vitacura.

El ánimo festivo, sin embargo, se ve rápidamente opacado. Cerca de las 13:30 horas Pinochet sufre una descompensación, que obliga al personal médico a trasladarlo a la Unidad de Cuidados Intensivos, la misma donde en 1991 falleció Jaime Guzmán, ex senador y padre de la Constitución impulsada en 1981 por el régimen del general. Luego más de media hora de esfuerzos médicos se decreta su deceso a las 14:15 horas.

El encargado de entregar la información fue el médico Juan Ignacio Vergara, quien comunicó a la prensa apostada en el lugar que la muerte se había producido producto de una “descompensación aguda, inesperada, que derivó en una falla cardiaca múltiple”.

Este es el extra de noticias con que Tele13 informó de la muerte de Augusto Pinochet.

En las afueras del Hospital Militar el ambiente es de llanto. Simpatizantes del régimen empiezan a exigir que se dispongan las banderas a media asta. Incluso, según la prensa de la época, uno de los manifestantes intentó hacerlo por su cuenta, pero fue impedido por funcionarios del Ejército, quienes aún no recibían instrucciones por parte del entonces comandante en Jefe, Óscar Izurieta Ferrer.

Si bien el protocolo frente a la muerte de Pinochet se venía discutiendo en reserva desde hace años, hasta esa hora aún era un misterio para la opinión pública.

Cronología: El infarto que encendió las alarmas

Sábado 2 de diciembre,
23:00

Augusto Pinochet comienza a sentir un fuerte malestar. Dolores de estómago, ahogos y mareos fueron parte del cuadro que en cosa de minutos se agrava hasta dejarlo inconsciente.

Domingo 3 de diciembre,
02:00

Pinochet no mejora. La familia decide trasladarlo al hospital militar. La situación es de tal gravedad que incluso recibe la unción de los enfermos, sacramento que se otorga a las personas católicas que se encuentran próximas a la muerte.

Si bien Pinochet se encontraba con arresto domiciliario como parte del caso Caravana de la muerte, contaba con autorización judicial para ser trasladado por motivos de salud.

Domingo 3 de diciembre,
8:00 Horas

“Los médicos lo sacaron de la muerte”, comenta a la prensa Marco Antonio Pinochet, hijo del ex militar. Una hora después se entrega un parte médico en que se detalla que había sido sometido a una angioplastia tras sufrir un infarto.

Durante la jornada Pinochet recibe visitas de familiares, amigos y el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta. Pinochet ya está consciente, respira por sus propios medios y puede intercambiar palabras.

Domingo 3 de diciembre,
20:30 horas

Bachelet encabeza cita con comité político para evaluar los pasos a seguir frente a un eventual deceso. Los ministros de Defensa, Vivianne Blanlot, y Ricardo Lagos Weber (Vocería) quedan mandatados para monitorear el estado de salud de Pinochet.

Lunes 4 de diciembre, 17:00 horas

Se entrega un nuevo parte médico: “Su evolución ha sido favorable”. Durante la jornada recibe visitas de familiares y del cardenal Francisco Javier Errázuriz.

Jueves 7 de diciembre,
17:00 horas

Pinochet deja la UCI tras reaccionar favorablemente al tratamiento médico. Sin embargo, debe permanecer en observación por otros 6 días.

En medio de su rápida mejoría, el entonces abogado de DD.HH Hugo Gutiérrez pone en duda la veracidad del infarto: “pretende eludir a la justicia”

Domingo 10 de diciembre,
8:00 Horas

Pinochet despierta de muy buen ánimo. Toma desayuno y pide que compren un ramo de flores para Lucía Hiriart, quien estaba de cumpleaños.

Domingo 10 de diciembre,
10:00 Horas

Recibe la visita del entonces diputado Iván Moreira, con quien comenta la prensa. Así lo recuerda el actual senador"

Domingo 10 de diciembre,
13:30 Horas

Pinochet sufre una grave descompensación, que obliga a trasladarlo nuevamente a la UCI donde le aplican medidas de resucitación. Al lugar comienzan a llegar familiares y el movimiento del personal médico alerta a los simpatizantes del general (R) apostados en las afueras del Hospital Militar.

Domingo 10 de diciembre,
14:15 Horas

Pinochet fallece a los 91 años de edad. Según el parte médico su deceso se produjo tras una “descompensación aguda, inesperada, que derivó en una falla cardiaca múltiple”.

Domingo 10 de diciembre,
16:30 Horas

La familia recibe el uniforme militar de gala con que se vestirá a Pinochet en su funeral. Al lugar llega el capellán Iván Wells (confesor de Pinochet desde 1998), familiares y personalidades del mundo político. El diputado Moreira, el ex diputado UDI Marcelo Forni, el entonces alcalde de Providencia Cristián Labbé, el presidente de la fundación Pinochet Hernán Guiloff, entre otros.

Mientras los simpatizantes de Pinochet se reúnen en el Hospital Militar, Plaza Italia fue el punto neurálgico de los festejos de sus detractores. Cerca de 2 mil personas se reunieron en el lugar, en una manifestación que terminó con disturbios y un saldo de 23 detenidos.

Lunes 11 de diciembre,
00:55 Horas

Restos de Pinochet son trasladados desde el Hospital Militar hasta la Escuela Militar. Apenas 8 minutos después la carroza fúnebre ingresa por Avenida Alonso de Córdoba hasta el recinto que se encuentra rodeado de adherentes.

Sin honores de Estado

Un llamado telefónico recibió a las 14:20 horas la Presidenta Michelle Bachelet de parte del entonces comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta Ferrer . El objetivo: informarle que hace sólo cinco minutos había fallecido Augusto Pinochet.

La noticia –según la prensa de la época- sorprendió a Bachelet, debido a que los últimos informes médicos apuntaban a una mejoría del general en retiro, tras el infarto que había sufrido una semana antes. Junto con entregar el pésame a nombre del gobierno, la Mandataria convocó a Izurieta a una reunión en su entonces residencia de calle Burgos para coordinar los pasos a seguir. A la cita se sumaron los ministros Belisario Velasco (Interior), Ricardo Lagos Weber (Vocería), Vivianne Blanlot (Defensa) e Isidro Solís (Justicia).

En la reunión se oficializó el protocolo que ya había quedado zanjado durante la administración de Ricardo Lagos: el gobierno no iba a decretar duelo oficial y los rituales iban a quedar a cargo del Ejército. Del mismo modo, Bachelet le informó a Izurieta que se iba a restar de las actividades, pero que en representación de La Moneda asistiría la titular de Defensa

La única concesión que realizó el gobierno –a petición de Izurieta- fue autorizar que en los recintos militares las banderas pudieran lucir a media asta.

La decisión del gobierno fue el punto culmine de una progresiva pérdida de privilegios para el ex dictador. Según describe la prensa de la época, el protocolo frente a un eventual deceso de Pinochet venía siendo abordado desde el régimen, frente a la posibilidad de un eventual atentado (como el que ocurrió en 1986). Hasta 1998, cuando deja la comandancia del Ejército, todo indicaba que sería velado en funerales de Estado y sus restos serían sepultados en la Escuela Militar. En tanto, el Mandatario de turno habría tenido que encabezar la ceremonia y la misa se habría realizado en la Catedral Metropolitana. El duelo oficial estaba fuera de toda duda.

Todo cambia desde el año 2000, cuando Pinochet es detenido en Londres y es desaforado de su cargo de senador vitalicio. El entonces Presidente Ricardo Lagos mandata a su ministra de Defensa –y hoy Jefa de Estado- Michelle Bachelet a definir junto al Ejército un protocolo acorde al nuevo escenario. Su contraparte es el entonces comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre, el mismo que en 2004 asumiría la responsabilidad institucional del Ejército por las violaciones a los Derechos Humanos en su recordado “nunca más”.

Pinochet regresa a Chile en marzo del año 2000, tras estar detenido 503 días en Londres. En la imagen aparece junto al entonces comandante en jefe del Ejército, Ricardo Izurieta Caffarena, quien lo sucedió en la institución.

Fue este mismo general el encargado de negociar con la familia Pinochet, quienes buscaban que la ceremonia incluyera honores de Estado y que se le reconociera su condición de ex Presidente de la República. La negociación entre Cheyre y la familia Pinochet se prolongó por varios años, durante los cuales el militar informaba directamente a Bachelet. Otro de los personajes que conocía en detalle las tratativas era Ernesto Ottone, principal asesor del segundo piso, a quien Lagos le había encargado monitorear la relación con las FF.AA. En esas conversaciones, por ejemplo, se puso sobre la mesa la idea de que el cuerpo de Pinochet fuera incinerado para evitar problemas de seguridad (como que su tumba fuera profanada). Del mismo modo, se planteó a la familia la inconveniencia de que sus restos fueran sepultados en la Escuela Militar, como ellos solicitaban. Se les explicó que no era bueno que una institución que era de todos los chilenos quedara de esa forma amarrada a una figura en específico.

El objetivo del gobierno de Lagos era dejar en claro que los funerales de Pinochet corresponderían a los de un ex mandamás del Ejército y no a los de un ex jefe de Estado. Lo que aún no estaba claro era qué autoridad de gobierno asistiría o si se decretaría duelo oficial.

"Era un elemento tácito, subliminal en la conversación. No era el mismo general Pinochet antes del Riggs que después del Riggs, incluso para el Ejército”.
Jaime Ravinet,
ex ministro de Defensa.

El tema volvió a estar en las preocupaciones del gobierno luego que en diciembre de 2004 Pinochet fuera internado de urgencia tras sufrir un infarto cerebrovascular. En ese momento, Bachelet ya había dejado el ministerio de Defensa para asumir como precandidata presidencial, por lo que las conversaciones frente a un eventual desenlace quedaron a cargo del nuevo titular de la cartera, el DC Jaime Ravinet. Sin embargo, el escenario era completamente distinto: en junio de ese año había estallado el caso Riggs, como se bautizó el escándalo luego que se conociera que el ex general tenía cuentas secretas en el extranjero, lo que sembró dudas sobre su patrimonio.

"Era un elemento tácito, subliminal en la conversación. No era el mismo general Pinochet antes del Riggs que después del Riggs... Incluso para el Ejército", señala el ex ministro Ravinet

Fue este protocolo el que se puso sobre la mesa la primera semana de diciembre, luego que Pinochet sufriera el infarto del cual nunca se recuperó.

Para el ex ministro Francisco Vidal, los últimos años de Pinochet estuvieron marcados por un “deterioro político y moral”, en medio de las investigaciones en su contra.

"Yo creo en las primeras negociaciones en los '90, Pinochet se aseguró morir como Jefe de Estado y tenía la fuerza para presionar sobre eso. Pero en el 2000, después de la detención en Londres, después de todo lo que sabemos, después del Riggs...Yo creo que fue casi una concesión de la Presidenta Bachelet rendirle homenaje como ex comandante en jefe del Ejército”, dice el militante PPD, quien durante 2004 –año clave en las tratativas- se desempeñaba como vocero de Gobierno.

Junto con ratificar el protocolo con que se enfrentaría la muerte de Pinochet, Bachelet definió que el gobierno realizaría una sola vocería, la que estaría a cargo del entonces portavoz, Ricardo Lagos Weber. El resto de los ministros recibió la instrucción de no hablar con la prensa.

Esta fue la declaración que realizó Lagos Weber a las 18:40 horas del 10 de diciembre, en el Patio de Los Naranjos del Palacio de La Moneda.

Domingo 10 de Diciembre, 2006

“ Con motivo del deceso del general (R) Augusto Pinochet Ugarte, registrado a las 14:15 horas de hoy, el gobierno comunica que conforme a la institucionalidad vigente, se ha determinado que el fallecido general reciba en sus exequias los honores que corresponden a un ex comandante en jefe del Ejército, según lo establecido en el Reglamento de Servicio de Guarnición del Ejército.

Por tal razón, los restos del ex comandante en jefe serán trasladados hoy a la Escuela militar donde serán velados en una capilla ardiente hasta el martes 12, día en que se realizará un misa fúnebre a las 11 horas. Posteriormente sus restos serán cremados y entregados a la familia.

El gobierno ha autorizado banderas a media asta en los recintos del Ejército.

El gobierno respeta, asimismo, el dolor de los familiares por el deceso del general (R).

El gobierno actuará en todo momento dentro del marco institucional establecido para estas situaciones y velará para que se mantenga un clima de tranquilidad y ecuanimidad en el país ”

El plan del gobierno de limitarse a la declaración de Lagos Weber funcionó casi a la perfección. Casi por una declaración que emitió al día siguiente el ministro de Interior, Belisario Velasco, al ser consultado sobre cómo sería recordado por la historia el fallecido militar.

“Yo creo que va a pasar como un dictador, un clásico dictador de derecha, que violó gravemente los Derechos Humanos y que se enriqueció. Esa ha sido la tónica de los dictadores de derecha en América Latina”.
Belisario Velasco,
ex ministro de Interior. 2006.

“Yo creo que va a pasar como un dictador, un clásico dictador de derecha, que violó gravemente los Derechos Humanos y que se enriqueció. Esa ha sido la tónica de los dictadores de derecha en América Latina”, fue su respuesta.

Diez años después, Belisario Velasco comenta su polémica salida de libreto. “Tuve un impulso irresistible”, reconoce.

La decisión del gobierno de no rendir honores de Estado generó duras críticas por parte de la derecha: “Lamentamos que el gobierno ignore su condición de ex Presidente, dejándose llevar por consideraciones que resultan pequeñas y que no contribuyen a cerrar un capítulo de nuestra vida republicana con grandeza” dijo la directiva de la UDI.

“No voy a eludir en este momento que yo tengo un concepto muy formado acerca de un periodo doloroso, dramático, complejo que vivía nuestro país. Tengo memoria, creo en la verdad y aspiro a la justicia”.
Michelle Bachelet,
Presidenta. 2006.

“Un funeral de Estado habría requerido una visión de Estado, pero la Presidenta optó por privilegiar su visión de izquierda y las presiones de un sector”, manifestó el diputado gremialista Patricio Melero.

El entonces presidente de RN, Carlos Larraín, criticó la medida, señalando que “hacer como que este personaje no pasó por la historia de Chile es una miopía terrible y de que la nostalgia sigue gobernando a la izquierda”.

En medio de las críticas de la oposición, Bachelet aludió a su decisión de no decretar duelo oficial. “Chile no puede olvidar”, afirmó durante una ceremonia en que recibió el informe del Consejo Asesor Presidencial para la calidad de la Educación, tema que se había tomado la agenda política durante el 2006.

“No voy a eludir en este momento que yo tengo un concepto muy formado acerca de un periodo doloroso, dramático, complejo que vivía nuestro país. Tengo memoria, creo en la verdad y aspiro a la justicia”, enfatizó.

Noticia mundial

La muerte de Augusto Pinochet fue noticia en los principales medios del mundo, que dedicaron espacios en sus portadas, coberturas especiales e incluso editoriales.

El diario El País de España hizo énfasis en los procesos judiciales pendientes por violaciones a los derechos humanos durante el régimen ( Revisa la portada en la galería ubicada a continuación ) y las polarizadas reacciones entre detractores y simpatizantes. El diario El Mundo, en tanto, relató que Pinochet falleció tras haber pasado sus últimos años “recluido bajo arresto domiciliario, desprovisto de su antigua inmunidad parlamentaria como senador vitalicio y rodeado de un aura de ignominia que le ha privado de la veneración y el respeto del pueblo chileno”

En EE.UU, The New York times describió a Pinochet como el “brutal dictador que reprimió y reformó a Chile por casi dos décadas”, agregando que su deceso “destruye las esperanzas de las víctimas del régimen de que fuera llevado a la justicia”. El Washington Post, por su parte, lo calificó como un “fiero dictador anticomunista” en una amplia cobertura en su página web, que incluyó una cronología de su vida y una galería de imágenes.

Revisa algunas de las portadas tras la muerte de Augusto Pinochet. Para avanzar en la galería, presiona la flecha ubicada al costado de cada imagen.

Los medios británicos destinaron espacio central en sus coberturas a la muerte de Pinochet, quien estuvo detenido en Londres durante 503 días, a raíz de una orden emitida en 1998 por el juez español Baltasar Garzón, quien investigaba casos de violaciones a los DD.HH a ciudadanos españoles ocurridas en Chile y Argentina durante los 70’ y 80’. Las reacciones fueron diversas. Mientras el Sunday Telegraph destacó que Pinochet “salvó a su país del comunismo y creó la economía más exitosa de América Latina”, BBC se enfocó la “violencia” ejecutada tras el “dramático golpe de Estado” contra Salvador Allende. The Guardian señaló que Pinochet “representó como nadie el espíritu de las décadas finales de la Guerra Fría en la región, con la excepción de Fidel Castro”.

Al otro lado de la cordillera, La Nación describió las extremas reacciones que provocaba su figura. “Venerado por sus seguidores como un héroe y aborrecido por sus víctimas como un tirano, su muerte cierra un capítulo controvertido en el Chile contemporáneo”. El sitio web de Clarín dedicó una cobertura especial, incluso con un minuto a minuto. Al día siguiente, la portada de la edición impresa llevó el siguiente titular: “Con Pinochet se va un símbolo del terror”.

Revisa la nota de Tele13 con la cobertura de los medios internacionales a la muerte de Pinochet

En Chile, varios sitios de noticias se vieron colapsados frente a la demanda de información sobre la muerte del ex dictador. Al día siguiente, la muerte de Pinochet fue portada obligada en los periódicos. Tanto El Mercurio como La Tercera publicaron amplios especiales donde se relató la vida y obra de Pinochet, así como los preparativos de su despedida.

“Objetivamente es la personalidad chilena que mayor impacto ha producido en la reciente historia mundial, y así lo ratifica, para bien o para mal, la viva controversia que publica su deceso (…) Cabría ahora un esfuerzo de reconciliación entre quienes, en ambos bandos, lucharon por lo que creían mejor para Chile”, señaló El Mercurio en su editorial. La Tercera, en tanto, planteó en su respectivo espacio que “el ex gobernante y su régimen están destinados a seguir causando controversia por largo tiempo, pero es de esperar que a partir de ahora se puedan empezar a dejar atrás las divisiones que han marcado al país desde los años ‘70”.

La polarizada reacción de la sociedad chilena

La muerte de Augusto Pinochet generó diversas reacciones en la sociedad chilena. Llantos y celebraciones fueron las antípodas de ese 10 de diciembre y los días que siguieron en la despedida de quien encabezó el régimen militar entre 1973 y 1990.

A las 14:15 horas del domingo 10 de diciembre eran pocos los simpatizantes de Pinochet que permanecían en las fueras del Hospital Militar. Según El Mercurio, sólo 10, quienes al conocer la noticia de la muerte del general irrumpieron en llanto y gritos de dolor. Incluso, comenzaron a rezar un rosario en un improvisado altar que armaron en el lugar.

Con el paso de los minutos arribaron al lugar más y más adherentes. La situación obligó a Carabineros a cortar el tránsito e instalar vallas papales para controlar el ingreso de la familia y amigos del fallecido militar en retiro.

Según la prensa de la época fueron al menos 12 las veces en que se entonó el himno nacional, incluyendo la estrofa de los “valientes soldados”, que fue incluida en la versión cantada durante el régimen. En las afueras del centro asistencial no sólo había llantos, sino que también molestia por el hecho de que aún no se ponían las banderas a media asta. Incluso, cuatro partidarios de Pinochet intentaron bajarlas por su propia cuenta, lo que llevó al personal de Carabineros a redoblar la guardia. La escena, además, se vio marcada por las recriminaciones a la prensa apostada en el lugar.

Ya llegada la noche los simpatizantes comenzaron a encender velas. Pasadas las 21:30 horas se entonó por última vez el himno nacional. Lo mismo ocurrió en las afueras de la Escuela Militar, lugar hasta donde se trasladaron los restos de Augusto Pinochet para sus funerales.

Revisa las imágenes de las polarizadas reacciones que generó la muerte de Pinochet. Para avanzar en la galería, presiona la flecha ubicada al costado de cada foto.

En un escenario completamente distinto, Plaza Italia fue uno de los principales puntos donde se congregaron los detractores del fallecido general, quienes incluso descorcharon botellas de champaña. Banderas y afiches con el rostro de Salvador Allende fueron parte del imaginario de las celebraciones por la muerte de quien por 17 años encabezó el régimen militar en Chile. La multitud –2 mil personas, según la prensa de la época- avanzó con el paso de las horas por la Alameda en dirección hacia el centro. “El que no salta es Pinochet” fue una de las frases entonadas por los detractores. En tanto, organizaciones de Derechos Humanos repartían en el lugar fotografías de detenidos desaparecidos.

Y es que para parte de los manifestantes la muerte de Pinochet era recibida con cierto grado de frustración, puesto que el ex militar fallecía sin haber sido juzgado por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el régimen que encabezó. De hecho, días más tarde, se decretaría el sobreseimiento de las causas que pesaban en su contra, por motivo de muerte, aunque todas ellas siguieron contra el resto de los militares investigados.

El ambiente festivo, con el paso de las horas, derivó en hechos de violencia. El primer foco de enfrentamientos se produjo luego que la multitud intentara entrar a la Plaza de la Constitución –al frente del Palacio de La Moneda- lo que fue impedido por Carabineros, que utilizó carros lanza aguas y gases para dispersar a los manifestantes.

Uno de los focos de disturbios fue la esquina de Diagonal Paraguay con Vicuña Mackena, a pocas cuadras de Plaza Italia, donde hubo saqueos en una estación de bencina. También hubo disturbios en Lo Hermida (Peñalolén), la población La Pincoya (Huechuraba) y Villa Francia (Estación Central), lugar donde el asesinato de los hermanos Vergara Toledo –en 1985- originó la conmemoración del “Día del Joven Combatiente” cada 29 de marzo. El gobierno, además, debió activar medidas de contingencia frente a la presencia de encapuchados en las cercanías del Palacio de La Moneda. 22 carabineros resultaron heridos durante la jornada.

Las celebraciones generaron rechazo en figuras tanto de la derecha como de la Concertación, la entonces coalición de centroizquierda. “No comparto el que se celebre su muerte”, dijo el entonces timonel radical y hoy ministro de Defensa, José Antonio Gómez. El entonces senador PS Carlos Ominami manifestó que “no soy de los que me alegro por la muerte de nadie. Si en mí estuviera, habría ido a los lugares donde se realizaron manifestaciones a pedirles que se vayan a su casa”.

El ambiente de celebración que había en las calles fue un tema de análisis en La Moneda. Con el propósito de no contribuir a ese clima festivo es que se optó por un diseño comunicacional lo más sobrio posible, con una sola declaración, la que estuvo a cargo del entonces vocero, Ricardo Lagos Weber

El paso a paso de los funerales

Los restos de Augusto Pinochet llegaron hasta la Escuela Militar minutos antes de la 1 de la madrugada. En el centro del Hall Central de la Academia se instaló el féretro, que fue cubierto por una bandera nacional. Al costado de los restos se instalaron cuatro cirios y una guardia de honor conformada por 8 cadetes del Ejército.

En la “capilla ardiente” se oficiaron misas y responsos durante todo el lunes 11. La jornada del martes 12 comenzó con una misa exequial en el patio de Alpatacal de la Escuela Militar, a cargo del obispo castrense Juan Barros.

Luego, el féretro de Pinochet fue trasladado hasta el patio honor, donde comenzaron los honores fúnebres. Los restos fueron trasladados por una cureña tirada por dos caballos, que pasó frente a un destacamento de 90 cadetes que le rindió honores.

El tercer paso de la ceremonia del día martes 11 fue el cortejo, donde participaron familiares, el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, y la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot. Es en esta parte donde se realizaron los discursos, que estuvieron marcados por la sorpresiva intervención del entonces capitán del ejército Augusto Pinochet Molina.

El polémico discurso del nieto de Pinochet

Cuatro minutos y diez segundos sellaron el destino de Augusto Pinochet Molina en el Ejército. El entonces capitán de 33 años emitió un polémico discurso, donde calificó a su fallecido abuelo como “un hombre que derrotó en plena guerra fría al modelo marxista, que pretendía imponer su modelo totalitario no mediante el voto, sino más bien derechamente por el medio armado”.

"Fue un hombre que derrotó en plena guerra fría al modelo marxista, que pretendía imponer su modelo totalitario no mediante el voto, sino más bien derechamente por el medio armado”.
Augusto Pinochet Molina,
2006.

Y no sólo eso. En su intervención lanzó una dura crítica al Poder Judicial, en medio de las investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito que enfrentaba su familia, tras el caso Riggs.

“La batalla fue más dura en su vejez. Fue éste enemigo el que más fuerte le pegó, lo golpeó en lo físico, mermando su capacidad de movimiento, lo golpeó en lo psíquico, dejándolo más indefenso aún frente al aprovechamiento de sus enemigos políticos. Pero donde más fuerte lo golpeó fue en lo afectivo, haciéndolo ver cómo su mujer y familia eran vejados por jueces que buscaban más renombre que justicia”, manifestó.

La intervención de Pinochet Molina durante la ceremonia en la Escuela Militar indignó al gobierno. La propia Presidenta Michelle Bachelet calificó lo sucedido como una “falta gravísima”. Un día después de lo ocurrido, el entonces comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, comunicó la “baja inmediata” del capitán por haber cometido “graves faltas disciplinarias”.

La decisión del Ejército generó un fuerte rechazo por parte de la familia Pinochet. Augusto –hijo del general y padre del destituido coronel- manifestó que se trató de algo que "no tiene las dimensiones que ellos pretenden darle”. Más duro fue su hermano, Marco Antonio: “Esta es otra persecución política del gobierno”.

Con esta polémica se puso fin a la carrera militar del único nieto que había seguido los pasos de su abuelo. El hasta ese momento capitán de Ejército era, además, uno de los más cercanos al general: vivió con él durante un año y en 1998 lo acompañó en uno de sus momentos más complejos: la detención en Londres.

“Esto constituye una falta gravísima y estamos seguros de que el Ejército sabrá hacer lo que corresponde”
Michelle Bachelet,
2006.

A 10 años del polémico discurso, Pinochet Molina asegura a T13: “No me arrepiento. Lo haría de nuevo”. El ex militar asegura que desde niño había pensado en que tenía que hablar el día que muriera su abuelo, independiente de las circunstancias en que se encontrara.

Según relata Pinochet Molina, la noche del 10 de diciembre, tras enterarse de la muerte de su abuelo, intentó ingresar a la Escuela Militar, pero se lo impidieron. Fue ahí que resolvió dos cosas: que dejaría la institución –algo que venía evaluando desde hace meses, a tal punto que había llegado a conversarlo con Pinochet- y que hablaría en el funeral. A como diera lugar. Esa misma noche se puso a redactar las líneas de un discurso que según cuenta “lo tenía internalizado desde hace bastante tiempo”.

El día martes llegan los homenajes en la Escuela Militar y el protocolo contemplaba la intervención de solo dos de los nietos. Una instrucción que vulneró el entonces capitán al ubicarse en la fila de los discursos, detrás de su primo Rodrigo. Esta es su versión.

El nieto de Pinochet señala que el caso terminó por alejarlo definitivamente de la institución. “Me dieron de baja en 24 horas, como si fuera un delincuente. Lo que yo hice fue una falta a la disciplina, estoy de acuerdo, pero eso merecía un proceso. Yo no había matado, no había robado. En el Ejército actuaron de forma prepotente, mezquina”, señala.

La destitución dio inicio a un duro trance para Augusto Pinochet Molina. En lo laboral, vivió la cesantía y debió empeñar varias de sus pertenencias. Fue gracias al entonces alcalde de Providencia y cercano a su abuelo, Cristián Labbé, que consiguió un empleo en la Municipalidad de dicha comuna.

Tampoco ha sido fácil su intento por ingresar a la política. En 2013 buscó un escaño parlamentario por Concepción, pero terminó bajando su postulación tras diferencias con el movimiento Avanzada Nacional, que en ese entonces buscaba volver a constituirse como partido político. Actualmente se encuentra en proceso para la conformación de un nuevo partido político, que lleva por nombre “Por mi patria”. La recolección de firmas, reconoce, ha sido más lenta de lo que esperaba. En lo personal, el ex militar vivió un complejo momento luego que en mayo de 2015 fuera detenido por portar 1,6 gramos de cocaína en Antofagasta.

¿Le ha afectado llamarse Augusto Pinochet? “Me siento muy orgulloso de llamarme como me llamo, es un nombre relevante. Que me haya tocado a mí seguir la línea de mi abuelo es significativo, pero obviamente he tenido muchos problemas por eso, falta de oportunidades. Se me han cerrado muchas puertas”, asegura.

El escupitajo del nieto de Prats

Fueron 60 mil personas las que, según estimaciones de Carabineros, llegaron hasta la Escuela Militar para despedir a Augusto Pinochet. Miembros de la tercera edad, escolares, adultos, fueron parte del variopinto grupo que realizó filas de hasta 7 horas para presenciar el féretro.

“Lo escupí como un acto de desprecio, porque asesinó a mis abuelos y porque me chocó ver los honores recargados que recibió del Ejército”
Francisco Cuadrado,
2006.

En medio de la multitud se encontraba Francisco Cuadrado, nieto del ex comandante en jefe del Ejécito, general Carlos Prats, quien fue asesinado junto a su esposa Sofía Cuthbert en 1974 por agentes de la DINA, la policía política del régimen militar.

Prats –antecesor de Pinochet en la jefatura de la institución castrense- se encontraba en Buenos Aires en calidad de asilado tras el golpe de Estado y era considerado uno de los máximos exponentes de la denominada “doctrina Schneider”, la que promovía que la institución debía respaldar el orden constitucional.

Francisco Cuadrado, artista visual de 39 años, hizo la fila al igual que los miles de simpatizantes que habían repletado la Escuela Militar. Una vez que estuvo frente al féretro, lo escupió.

“Lo escupí como un acto de desprecio, porque asesinó a mis abuelos" , dijo Cuadrado días después del episodio.

Para evitar que la situación escalara, resultó clave la actuación del personal militar, quienes al enterarse que se trataba del nieto del general Prats optaron por escoltarlo a su domicilio. El hecho ocurrió durante la madrugada del martes, por lo que muchos de los admiradores de Pinochet no se enteraron hasta que lo vieron en la prensa o escucharon la historia durante su espera.

Un militar limpia el féretro de Augusto Pinochet.

La situación generó reacciones encontradas en el mundo político. Mientras el gobierno evitó pronunciarse, el entonces presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, elogió la acción: “fue un acto muy valiente y corajudo”. En tanto, la timonel DC de la época, Soledad Alvear, dijo que si bien existían “razones” para entender lo que hizo el nieto de Prats, fue enfática en que “yo no haría una cosa así”.

La situación le costó el empleo al artista, quien se desempeñaba como gestor cultural en la Municipalidad de Las Condes, administrada por el UDI Francisco de la Maza.

T13 intentó sin éxito comunicarse con Cuadrado.

Sus cenizas son trasladadas a Los Boldos

Pinochet nunca fue partidario de que sus restos fueran cremados, debido a convicciones religiosas. Sin embargo terminó accediendo por motivos de seguridad. Como ya se mencionaba en la segunda parte de este reportaje, durante las conversaciones entre el alto mando del Ejército y la familia se hizo ver el riesgo de que la tumba fuera profanada. También se les convenció de que sería inapropiado que sus restos quedaran en la Escuela Militar, como pretendía su entorno.

El martes 12 por la noche, tras los honores en la Escuela Militar, sus restos fueron trasladados al cementerio Parque del Mar, en Concón, donde fueron incinerados. Posteriormente, fueron trasladaron hasta la parcela de Los Boldos, uno de los lugares de descanso favoritos de Pinochet.

Se trata de un recinto de 51 hectáreas ubicado en las cercanías de Las Rocas de Santo Domingo, que Pinochet adquirió en 1994, y donde años antes de su muerte construyó una capilla. Fue ahí donde el miércoles 13 de diciembre de 2006 llegaron familiares, amigos, ex colaboradores del régimen y el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, para la última ceremonia de despedida.

La presencia de Augusto Pinochet Molina con vestimenta de civil, fue comentario obligado entre los presentes. Todo hacía presagiar lo que horas después sería oficializado por el propio Izurieta: su baja de la institución.

El encargado de oficiar la misa fue el capellán Iván Wells, quien fue durante años confesor del extinto militar. El ánfora con las cenizas fue depositado en el recinto, donde tiempo después se instaló el memorial que se ve en las imágenes al final de este texto.

Desde entonces que la capilla de la hacienda en Los Boldos tiene un carácter especial tanto para la familia del general como para el pinochetismo. Es ahí donde en 2015 se congregaron para conmemorar el centenario de su nacimiento y donde este año se realizará una misa para recordar la primera década de la muerte de quien encabezó el régimen militar.